
El Camino del Cid: la ruta del destierro
Llevaba tiempo queriendo hacer el Camino del Cid, pero cuando me senté a estudiarlo en serio me topé con un dato que cambió por completo el viaje. El rey Alfonso VI le dio al Cid nueve días. Nueve. Ese era el plazo para que un caballero recogiera sus cosas, dejara su casa y abandonara Castilla con todos sus hombres. Sin saber a dónde iba. Sin saber si volvería.
Esto ya no era una ruta. Era el calendario exacto de un exilio.
El punto de partida.
Empecé en Vivar del Cid, a unos kilómetros al norte de Burgos. El pueblo donde nació Rodrigo Díaz y donde, según la leyenda, arranca el Cantar de mio Cid, uno de los textos fundacionales de la literatura medieval española. El sitio en sí no llama mucho la atención: una iglesia, un puñado de casas, una estatua del Cid a caballo. Pero es aquí donde empieza todo.
El Cantar cuenta que al salir, el Cid miró atrás y vio las puertas abiertas y los corrales sin halcones. Que lloró. Que dijo aquello de "qué buen vasallo, si tuviera buen señor".
Mil años después salí yo del mismo pueblo. Mucho menos solemne. Pero con la sensación de estar entrando en algo más grande que una ruta.
El primer día. Vivar del Cid – Covarrubias.
84 kilómetros y 920 metros de desnivel. El primer día es engañosamente suave. Sales de Burgos por carreteras secundarias y te metes en pleno corazón de Castilla: campos de cereal hasta donde llega la vista, sabinares antiguos y, de vez en cuando, un pueblo que aparece como salido del siglo XII.
Acabé en Covarrubias, y eso es media justicia para un día así. Es uno de esos pueblos donde el tiempo no se ha parado por casualidad: lo han parado a propósito. Calles porticadas, casas de madera y adobe, el rumor del río Arlanza al fondo. Esa noche dormí en el Hotel Rural Princesa Kristina, llamado así por una princesa noruega que llegó hasta aquí en el siglo XIII para casarse con un hijo de Alfonso X. Castilla está llena de estas cosas. Solo hay que pararse un poco.
El segundo día. Covarrubias – San Esteban de Gormaz.
84 kilómetros y 1.150 metros de desnivel. Y la sensación de estar entrando en otra Castilla. El paisaje empieza a romperse. Primero los cañones del Arlanza, después los del Duero. Aparecen las primeras fortalezas en lo alto de los cerros pelados. Aparece, sobre todo, el silencio.
Aquí, durante siglos, estuvo la frontera. El norte cristiano y las taifas musulmanas al sur, y en medio una tierra que cambiaba de manos cada generación. Esa frontera ya no existe en ningún mapa. Pero el paisaje todavía la guarda. Los castillos que pasas no son adornos. Son lo que queda de una guerra que duró siglos.
Cerca del final del día se ve, al otro lado del Duero, la silueta del Castillo de Gormaz. En su momento, una de las mayores fortalezas de Europa. Cuesta imaginar a un caballero sin patria pasando por aquí con sus hombres, sabiendo que el rey había prohibido a sus súbditos darle cobijo.
Dormí en San Esteban de Gormaz, en la Casa Rural El Rincón de Elena.
El tercer día. San Esteban de Gormaz – Atienza.
74 kilómetros y 1.180 metros de desnivel. El día más corto en distancia y, paradójicamente, el más duro. El paisaje se vuelve más áspero. Más vacío. Y aquí entiendes por qué este camino tiene fama de duro. No por los desniveles, que son razonables. Por la soledad.
Pueblos pequeños, con suerte un bar abierto, y entre uno y otro veinte o treinta kilómetros donde no te cruzas con absolutamente nadie. Solo tú, la bici y el viento. Te entra una mezcla rara: cansancio y, al mismo tiempo, una especie de paz que cuesta encontrar en otros sitios.
Atienza fue mi último punto. Un pueblo medieval colgado de una roca, con su castillo en lo alto y calles empedradas que parecen seguir esperando a alguien que no acaba de llegar. Aquí, según el Cantar, el Cid pasó tras una de sus primeras hazañas en el destierro.
Yo terminé mucho menos épico. Pero con la sensación de haber pedaleado por dentro de un libro abierto.
Lo que queda.
El Camino del Cid no va de un caballero ni de batallas. Va de cómo el paisaje guarda historias incluso cuando ya no quedan personas para contarlas. Va de fronteras que desaparecen, pero no del todo. Va de pueblos que aguantan, de castillos que resisten, de leyendas que se pedalean.
Mil años después, el destierro se ha convertido en una ruta.
Pero los caminos siguen siendo los mismos.
Datos de la Ruta
Aclarar que nosotros en algunos puntos nos saltamos partes del track oficial para no entrar en todos los bucles que se plantean.
Ubicación: Castilla y León, Aragón y Comunidad Valenciana
Distancia: 360KM (tramo del Destierro)
Desnivel acumulado: ≈ 3.600 m
Terreno: Se puede hacer en bicicleta de carretera, gravel o mtb.
Dificultad: Media
Duración del viaje: 3 días (El destierro)
Revive la Ruta en Vídeo:
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