La Vía Augusta: pedaleando una autopista de 2.000 años
Cuando empecé a investigar la Vía Augusta me topé con un dato que me dejó pensando un rato largo. Las legiones romanas, sin asfalto, sin GPS, sin nada de lo que hoy damos por hecho, podían recorrer 30 kilómetros al día por estas calzadas. Más que muchos cicloturistas modernos.
Eso me cambió la forma de mirar la ruta. Esto no era un camino antiguo, era una autopista de hace 2.000 años que sigue funcionando.
El punto de partida.
La Vía Augusta unía los Pirineos con Cádiz a lo largo de más de 1.500 kilómetros. Era la columna vertebral de la Hispania romana. La arteria por la que circulaba el aceite, el vino y los minerales que enriquecían a Roma. Y por la que las legiones se movían a velocidad récord para sostener un imperio enorme.
Hoy gran parte de su trazado se ha recuperado como itinerario cicloturístico bajo el nombre de Ciclovía Augusta, un recorrido de unos 1.600 kilómetros que atraviesa Cataluña, la Comunidad Valenciana, Murcia, Castilla-La Mancha y Andalucía. Una autopista convertida en ruta lenta. No hay mucho gesto histórico más bonito que ese.
La autopista del Imperio.
Lo primero que sorprende cuando pedaleas siguiendo el trazado de la Vía Augusta es lo evidente que sigue siendo. No es un camino que tengas que reconstruir con la imaginación. Está ahí. A veces bajo el asfalto de una carretera secundaria. A veces como un sendero entre olivares. A veces, en tramos cortos, como calzada original con sus piedras marcadas por las ruedas de los carros.
Los romanos no la inventaron desde cero. Aprovecharon antiguos caminos íberos y rutas comerciales que llevaban siglos en uso. Pero fueron ellos los que las transformaron en algo cercano a lo que hoy entendemos por infraestructura. Caminos sólidos, rectos, pensados para durar.
Y vaya si han durado.
La riqueza que pasaba por aquí.
Siguiendo el trazado histórico llegué a Mengíbar, a orillas del Guadalquivir. Un punto estratégico para cruzar el valle y conectar el sur con el interior de la península. Pero la importancia de la Vía Augusta no era solo militar. Por aquí circulaba la riqueza del Imperio.
La provincia romana de la Bética era una de las regiones más prósperas de Roma. De estas tierras salían cantidades enormes de aceite de oliva, vino y minerales que viajaban por la calzada hasta los puertos del Mediterráneo, y desde allí a Roma. La Vía Augusta no era solo una vía militar. Era, literalmente, la autopista económica de Hispania.
El kilómetro cero de la Bética.
Cerca de Mengíbar aparece uno de los elementos más fascinantes de toda la ruta: el Arco de Jano, también llamado Arco de Augusto. Este monumento marcaba el límite administrativo entre las dos grandes provincias romanas de Hispania: la Bética al sur y la Tarraconense al norte y al este.
Muchos historiadores lo consideran el kilómetro cero de la Vía Augusta en la Bética. El punto exacto desde donde se medían las distancias hacia Cádiz.
Y aquí hay una historia que todavía está abierta.
El misterio del puente.
Durante años, los arqueólogos sospecharon que junto al Arco de Jano existió un puente romano que cruzaba el Guadalquivir. Usando georradar detectaron estructuras subterráneas que parecían ser los pilares de ese puente. Todo encajaba.
Pero cuando empezaron las excavaciones, lo que apareció no era exactamente lo que esperaban.
En el documental de YouTube cuento qué encontraron y por qué cambia un poco lo que sabíamos de este tramo.
Lo que queda.
La Vía Augusta ya no transporta aceite a Roma. Ya no la recorren legiones. Ya nadie cruza el Arco de Jano con un carro tirado por mulas.
Y sin embargo sigue ahí. Sigue conectando lugares. Sigue uniendo provincias que ahora se llaman de otra manera. Sigue siendo el camino más directo entre puntos que llevan dos milenios siendo importantes.
Pedalear por encima de una calzada romana es una de esas experiencias en las que el suelo, literalmente, tiene memoria.
Y a veces te la recuerda.
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La ruta Completa:
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